23 países · 12.400 fotografías · 2004–2025
Mi vida se mide en milímetros de enfoque y obturadores que atrapan la luz de una Europa Fragmentada en mil viajes. A través del visor de mi cámara, he visto cómo los canales reflejan la geometría de Ámsterdam en Holanda y la sobria elegancia flamenca de Bélgica, para luego saltar al misticismo del báltico de las torres medievales de Estonia. El carrete primero y hoy el sensor, han guardado los contrastes de la imponente arquitectura de Alemania, el orden nórdico de Dinamarca y las infinitas cupulas de San Petersburgo, entrelazándose con la luz atlántica de Portugal y los campos de lavanda de Francia. He caminado con la cámara al cuello por la elegancia clásica de Gran Bretaña, el minimalismo de Suecia y los fiordos profundos de Noruega llegando al confín del mundo en Nord Cape, buscando siempre capturar esa esencia europea que cambia de frontera en frontera. Las costas del continente me regalaron el azul profundo de Croacia, los atardeceres dorados sobre el patrimonio de España mi pais y las ruinas milenarias de Grecia, donde cada fotografía parece desenterrar un pedazo de historia , descender de la Acropolis al barrio de placa para disfrutar la gastronomía local.
La perspectiva cambia por completo cuando la fotografía se fusiona con la velocidad y la nieve de los inviernos alpinos. Guardar el equipo en la mochila para esquiar por las laderas infinitas de Austria ,Suiza, Alpes, Francia y el Pirineo, me exigió aprender a congelar el movimiento blanco, buscando el encuadre perfecto entre cumbres escarpadas y valles congelados. El frío extremo continuó en las cimas de microestados y joyas escondidas como Andorra, Liechtenstein, San Marino y el lujo vertical de Mónaco, lugares diminutos en el mapa, pero inmensos ante un lente gran angular. Italia me recibió como mi segundo país, con el contraste perfecto, pasando de las pistas de esquí en sus cordilleras norteñas de Bardonecchia ,al caos fotogénico de sus calles históricas y regalarme la ciudad del mundo que más me gusta, ROMA . Cada uno de estos viajes ha sido un intento de atrapar la velocidad del descenso en la nieve y la quietud de las plazas empedradas, construyendo un mosaico visual donde el mundo no se mide en kilómetros, sino en las historias que caben en un fotograma.
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